Archivo para 9 junio 2012

Cristina Dopaso

Cristina Dopaso: Metamorfosis (20" x 30" lápiz y lápiz color sobre papel)

Cristina Dopaso: Metamorfosis (20″ x 30″ lápiz y lápiz color sobre papel)

 

En nuestro séptimo programa nos acompañó Cristina Dopaso, artista plástica, gran amiga y admirable persona, para hablar de Arte Latinoamericano.

Los invitamos a que visiten sus distintas páginas web para conocer su hermosa obra:

PÁGINA OFICIAL > www.cristinadopaso.com/

BLOG > http://dopasocristina.blogspot.com/

FLICKR > www.flickr.com/photos/42525887@N02/

Jorge Luis Borges

EL ESPEJO Y LA MÁSCARA

Librada la batalla de Clontarf, en la que fue humillado el noruego, el Alto Rey habló con el poeta y le dijo:

-Las proezas más claras pierden su lustre si no se las amoneda en palabras. Quiero que cantes mi victoria y mi loa. Yo seré Eneas; tú serás mi Virgilio. ¿ Te crees capaz de acometer esa empresa, que nos hará inmortales a los dos?

-Sí, Rey -dijo el poeta-. Yo soy el Ollan. Durante doce inviernos he cursado las disciplinas de la métrica. Sé de memoria las trescientas sesenta fábulas que son la base de la verdadera poesía. Los ciclos de Ulster y de Munster están en las cuerdas de mi arpa. Las leyes me autorizan a prodigar las voces más arcaicas del idioma y las máscomplejas metáforas. Domino la escritura secreta que defiende nuestro arte del indiscreto examen del vulgo. Puedo celebrar los amores, los abigeatos, las navegaciones, las guerras. Conozco los linajes mitológicos de todas las casas reales de Irlanda. Poseo las virtudes de las hierbas, la astrología judiciaria, las matemáticas y el derecho canónico. He derrotado en público certamen a mis rivales. Me he adiestrado en la sátira, que causa enfermedades de la piel, incluso la lepra. Sé manejar la espada, como lo probé en tu batalla. Sólo una cosa ignoro: la de agradecer el don que me haces.

El Rey, a quien lo fatigaban fácilmente los discursos largos y ajenos, le dijo con alivio:

-Sé harto bien esas cosas. Acaban de decirme que el ruiseñor ya cantó en Inglaterra. Cuando pasen las lluvias y las nieves, cuando regrese el ruiseñor de sus tierras del Sur, recitarás tu loa ante la corte y ante el Colegio de Poetas. Te dejo un año entero. Limarás cada letra y cada palabra. La recompensa, ya lo sabes, no será indigna de mi real costumbre ni de tus inspiradas vigilias-

-Rey, la mejor recompensa es ver tu rostro-dijo el poeta, que era también un cortesano.

Hizo sus reverencias y se fue, ya entreviendo algún verso.

Cumplido el plazo, que fue de epidemias y rebeliones, presentó el panegírico. Lo declamó con lenta seguridad, sin una ojeada al manuscrito. El Rey lo iba aprobando con la cabeza. Todos imitaban su gesto, hasta los que agolpados en las puertas, no descifraban una palabra. Al fin el Rey habló.

-Acepto tu labor. Es otra victoria. Has atribuido a cada vocablo su genuina acepción ya cada nombre sustantivo el epíteto que le dieron los primeros poetas. No hay en toda la loa una sola imagen que no hayan usado los clásicos. La guerra es el hermoso tejido de hombres y el agua de la espada es la sangre. El mar tiene su dios y las nubes predicen el porvenir. Has manejado con destreza la rima, la aliteración, la asonancia, las cantidades, los artificios de la docta retórica, la sabia alteración de los metros. Si se perdiera toda la literatura de Irlanda -omen absit- podría reconstruirse sin pérdida con tu clásica oda. Treinta escribas la van a transcribir dos veces.

Hubo un silencio y prosiguió.

-Todo está bien y sin embargo nada ha pasado. En los pulsos no corre más a prisa la sangre. Las manos no han buscado los arcos. Nadie ha palidecido. Nadie profirió un grito de batalla, nadie opuso el pecho a los vikings. Dentro del término de un año aplaudiremos otra loa, poeta. Como signo de nuestra aprobación, toma este espejo que es de plata.

-Doy gracias y comprendo -dijo el poeta. Las estrellas del cielo retornaron su claro derrotero. Otra vez cantó el ruiseñor en las selvas sajonas y el poeta retornó Con su códice, menos largo que el anterior. No lo repitió de memoria; lo leyó Con visible inseguridad, omitiendo ciertos pasajes, Como si él mismo no los entendiera del todo o no quisiera profanarlos. La página era extraña. No era una descripción de la batalla, era la batalla. En su desorden bélico se agitaban el Dios que es Tres y es Uno, los númenes paganos de Irlanda y los que guerrearían, centenares de años después, en el principio dela Edda Mayor.La forma no era menos curiosa. Un sustantivo singular podía regir un verbo plural. Las preposiciones eran ajenas a las normas Comunes. La aspereza alternaba Con la dulzura. Las metáforas eran arbitrarias o así lo parecían.

El Rey cambió unas pocas palabras Con los hombres de letras que lo rodeaban y habló de esta manera:

-De tu primera loa pude afirmar que era un feliz resumen de cuanto se ha cantado en Irlanda. Ésta supera todo lo anterior y también lo aniquila. Suspende, maravilla y deslumbra. No la merecerán los ignaros, pero sí los doctos, los menos. Un cofre de marfil será la custodia del único ejemplar. De la pluma que ha producido obra tan eminente podemos esperar todavía una obra más alta.

Agregó con una sonrisa: -Somos figuras de una fábula y es justo recordar que en las fábulas prima el número tres.

El poeta se atrevió a murmurar: -Los tres dones del hechicero, las tríadas y la indudable Trinidad. El Rey prosiguió: -Como prenda de nuestra aprobación, toma esta máscara de oro.

-Doy gracias y he entendido -dijo el poeta. El aniversario volvió. Los centinelas del palacio advirtieron que el poeta no traía un manuscrito. No sin estupor el Rey lo miró; casi era otro. Algo, que no era el tiempo, había surcado y transformado sus rasgos. Los ojos parecían mirar muy lejos o haber quedado ciegos. El poeta le rogó que hablara unas palabras con él. Los esclavos despejaron la cámara.

-¿No has ejecutado la oda? -preguntó el Rey; -Sí -dijo tristemente el poeta-. Ojalá Cristo Nuestro Señor me lo hubiera prohibido.

-¿Puedes repetirla?.: -No me atrevo.

-Yo te doy el valor que te hace falta -declaró el Rey.

El poeta dijo el poema. Era una sola línea. Sin animarse a pronunciarla en voz alta, el poeta y su Rey la paladearon, como si fuera una plegaria secreta o una blasfemia. El Rey no estaba menos maravillado y menos maltrecho que el otro. Ambos se miraron, muy pálidos.

-En los años de mi juventud -dijo el Rey- navegué hacia el ocaso. En una isla vi lebreles de plata que daban muerte a jabalíes de oro. En otra nos alimentamos con la fragancia de las manzanas mágicas. En otra vi murallas de fuego. En la más lejana de todas un río abovedado y pendiente surcaba el cielo y por sus aguas iban peces y barcos. Éstas son maravillas, pero no se comparan con tu poema, que de algún modo las encierra. ¿Qué hechicería te lo dio?

-En el alba -dijo el poeta- me recordé diciendo unas palabras que al principio no comprendí. Esas palabras son un poema. Sentí que había cometido un pecado, quizá el que no perdona el Espíritu.

-El que ahora compartimos los dos -el Rey musitó-. El de haber conocidola Belleza, que es un don vedado a los hombres. Ahora nos toca expiarlo. Te di un espejo y una máscara de oro; he aquí el tercer regalo que será el último.

Le puso en la diestra una daga. Del poeta sabemos que se dio muerte al salir del palacio; del Rey, que es un mendigo que recorre los caminos de Irlanda, que fue su reino, y que no ha repetido nunca el poema.

 

Astor Piazzolla

El próximo mes se cumplen 20 años de la muerte de Astor Piazzolla, histórico bandoneonista y compositor argentino.

Compartimos con ustedes un video donde Piazzola interpreta “Adios Nonino” con la Sinfónica “Cologne Radio Orchestra” de Alemania, extraído del documental “Astor Piazzolla: The Next Tango”.

Julio Cortázar

Historias de Cronopios y de Famas

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con  áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás  contigo. Te regalan —no lo saben,  lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las  vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

EL DIARIO A DIARIO

Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo.

Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza.

Apenas queda solo en el banco,  el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas.

Apenas queda solo en el banco,  el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

HISTORIA VERÍDICA

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.

Ahora este señor se siente profundamente agradecido y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios dela Providenciason inescrutables y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

Revolución de Mayo

Contenido del 5to programa (26/05/2012)

Mitos y verdades 

Se asocia la fecha con una plaza llena y un grito: “El pueblo quiere saber de qué se trata”. Pero aquel día lluvioso la concurrencia frente al Cabildo no fue masiva. Y pocos llevaron paraguas.

  • Son grandes gestos. Pequeñas anécdotas. Una lluvia persistente. Un escenario cubierto de paraguas. Cintas celestes y blancas. Y también son frases repetidas hasta el cansancio las que forman la postal estática del 25 de Mayo de 1810. Parte de un mito que sirvió para crear la idea de fundación dela Patria.
  • En el centro de este recuerdo histórico está un cuadro del artista Ceferino Carnacini, El pueblo quiere saber de qué se trata, pintado en 1938, que ilustró billetes en la segunda mitad del siglo XX. Mostró una plaza llena, con siluetas, objetos y gestos que permanecieron como verdades que el tiempo terminó cuestionando.
  • “La explicación del cuestionamiento —analiza el historiador Ricardo Cicerchia— es que los hechos del 25 de Mayo de 1810 se construyeron después de esa fecha y con un fin: ser parte de la memoria.”
    Entonces, ¿había tantos paraguas enla Plaza dela Victoria, ahora llamada Plaza de Mayo? O yendo más lejos: ¿había paraguas en esta parte del mundo en 1810?
  • La respuesta se encuentra en la Buenos Airesactual. En una de sus vitrinas, el Museo Histórico Nacional expone un paraguas usado por un cabildante, o sea un funcionario del Cabildo de esa época.
  • La foto de ese paraguas se reproduce en la página de al lado. Con mango de marfil, el paraguas colonial es grande, de tela marrón y tiene un escudo con el perfil de Fernando VII, el rey de España capturado por Napoleón.
    “Paraguas había, pero sólo para los ricos“, explica María Inés Rodríguez Aguilar, historiadora y directora del Museo Roca. “La mayoría de los hombres usaba capotes”, precisa.
  • Una pintura más fiel de aquel día tendría que haber sido sin tantos paraguas y con otros vestidos. Las damas de la época no eran como se ven en el óleo de Carnacini. Las faldas anchas y con miriñaque “no son las que se usaban en ese año”, señala Patricia Raffellini, del Museo del Traje de Buenos Aires.
  • El corte más popular usado en 1810 no marcaba la cintura. La moda seguía al estilo imperio, que copiaba a las romanas antiguas. El largo llegaba al talón y las telas con las que se vestían las mujeres eran muselinas finas y transparentes.
  • “Aun en invierno, debajo de los vestidos lánguidos usaban sólo una enagua del mismo material”. De ahí que la enfermedad más común entre las señoras era llamada de la muselina. Lisa y llanamente, una bronquitis fuerte.
  • “Tampoco se usaban las grandes peinetas”, explica Raffellini. “Las mujeres de 1810 preferían unas de tamaño más chico.” Eran talladas en carey, material que se extraía del caparazón de tortuga.
  • Si llovía, ellas —por lo general— no salían. Y ya nadie duda de que ese 25 de mayo efectivamente llovía. Lo cuenta en su novela en forma de cartas Vicente Fidel López, lo aseguran otros testigos de la época y lo confirman los historiadores.
  • Pero además del cuadro de Carnacini, en la retrospectiva aparecen las cintas celestes y blancas. “Si existieron —y esoestá en duda— eran azules y blancas, que representaban a los colores de los Borbones, la casa real española que había sido depuesta por Napoleón Bonaparte”, sostiene el historiador Enrique Carretero.
  • “Porque, según las actas del Cabildo, el gobierno que se formó fue en nombre de Fernando VII. La versión que asegura que eran rojas y blancas es poco creíble, porque el rojo significa guerra”, apunta.
    En su versión de la historia, Bartolomé Mitre escribe que el chispero Domingo French había tomado telas de una tienda dela Recova para hacer las cintas distintivas que repartía.
  • “Era para individualizar a los simpatizantes que apoyaban el cambio del virrey por la Junta”, es la explicación que aporta Carretero. La Plaza -también se lee en las crónicas de Vicente F. López- estaba custodiada para que el 22 de mayo sólo llegaran hasta el Cabildo los que tenían la invitación.
  • Es que no fueron todos los vecinos invitados, coinciden varios historiadores. Se mandaron invitaciones a 450 personas y asistieron 250. Vicente F. López cuenta también que los patriotas habían tomado de la imprenta más invitaciones para que pudieran pasar sus adeptos. Pero ese dato, como otros, está cuestionado.
  • Carlos Pueyrredón, en su libro 1810,la Revoluciónde Mayo, argumenta que no pueden haber votado personas introducidas por los revolucionarios porque “en el Cabildo del 21 se había resuelto formar la lista de votantes, o sea el padrón electoral, sobre la base de las invitaciones, y el 22 se llamó a alta voz a cada uno de los invitados de la lista, anotándose su voto”.
  • ¿Se gritó o no la consigna “El pueblo quiere saber de qué se trata”? “Sí —responde Félix Luna—. Fue así y figura en las actas del Cabildo”. ¿Y quiénes estaban en la Plaza? “Eran activistas y alguna gente del pueblo. Eran unos 100 y estuvieron durante el 22, el 23, el 24 y el 25. Su objetivo principal era sacar al virrey Cisneros”, completa Luna.
  • “Lo que no es un mito es que el Cabildo Abierto del 22 de mayo fue una instancia decisiva“, aclara María Sáenz Quesada. Para la historiadora y autora del libroLa Argentina. Historia de su país y su gente , la asistencia fue alta teniendo en cuenta que al Cabildo Abierto de 1806 habían asistido 100 personas.
  • Entre los que faltaron había muchos partidarios del grupo españolista, como por ejemplo Martín de Alzaga, quien era uno de los líderes de este grupo.
    “Algunos dieron excusas banales y otros, ciertas”, analiza Sáenz Quesada. “Seguramente, la vigilancia de las tropas de Saavedra y la amenaza que significaba la presencia de los chisperos los llevó a no asistir”, interpreta.
    ¿Qué se habló? ¿Qué se dijo durante ese largo día? Los discursos originales no se conservan. Fueron reconstruidos a través de la memoria de los que asistieron a las deliberaciones. Pero es seguro que el obispo de Buenos Aires, Benito de Lué y Riega, fue quien habló en nombre de los españolistas y, con su soberbia, provocó una fuerte reacción entre los partidarios criollos.
  • “A esto le respondió Juan José Castelli, vocal de la Primera Junta—explica Sáenz Quesada—. Y en eso no hay leyenda: él fue el orador de la Revolución“. El hombre tembló antes de pronunciar que, con la caída de los reyes de España en manos de Napoleón, el poder delegado a ellos por el pueblo de las Indias volvía a la gente de estas tierras. “Quizá porque era consciente de que lo que planteaba era la ruptura con España o porque también temía que sus palabras provocaran una reacción armada de la oposición”, estima Sáenz Quesada.

Verdad plena, verdad a medias o mito, lo más importante de la postal del 25 de Mayo de 1810 es —como remarca Cicerchia— “la idea de la deliberación como forma de construir el poder político”. Aunque no todo haya sido como se ve en el cuadro emblemático de la Revolución, ese día se impuso la idea republicana que perduró en el tiempo.

Publicado por Silvina Heguy en suplemento especial de Clarín el 4 de Junio de 2002

Salvador Allende

Contenido del 5to programa (26/05/2012)

En este programa Carlos nos leyó algunos fragmentos del discurso final de Salvador Allende, frente a los cuales reflexionamos atentamente. Les dejamos a ustedes la transcripción completa del discurso, más un video-audio de los últimos minutos del mismo.

Último Discurso de Salvador Allende