Archivo para 16 septiembre 2012

Roberto Arlt

 

Roberto Godofredo Christophersen Arlt nació en Buenos Aires en abril de 1900. Comenzó escribiendo relatos, uno de los cuales fue publicado en 1919, en la Revista Popular. A los veinte años se trasladó a Córdoba, donde cumplió con el servicio militar, se casó y residió durante el lapso de cuatro años.
Arlt fue periodista toda su vida. En sus comienzos, colaboró en la revista Don Goyo, luego ingresó como redactor en el diario Crítica, en el que se dedicó a las crónicas policiales. Y a partir de 1928 integró el equipo del periódico El Mundo, donde permaneció hasta su muerte y para el que escribió sus conocidas “Aguafuertes porteñas”.
Cuando tenía sólo veinte años dio a conocer un breve ensayo dedicado a la teosofía y al esoterismo, Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires. Después, publicó las novelas El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929), su continuación, Los lanzallamas (1931), y El amor brujo (1932). También es autor de numerosos cuentos, que reunió en los volúmenes El jorobadito (1933) y El criador de gorilas (1941).
A principios de la década del 30 se sintió atraído por el teatro y escribió cerca de una decena de obras, muchas de las cuales se representaron en el Teatro del Pueblo.
Como periodista, viajó por varias provincias argentinas, Uruguay, Brasil y Chile, pero su viaje más largo lo emprendió en 1935 hacia España –luego sumó el norte de África–. Durante este periplo de un año siguió redactando sus crónicas, publicadas en 1936 como Aguafuertes españolas.
Murió en Buenos Aires el 26 de julio de 1942.

 

 

Aquí los textos completos que leímos en el programa de “Aguasfuertes Porteñas” (más uno de yapa). Estos escritos son colaboraciones que realizó Roberto Arlt al diario El Mundo desde 1928. Los mismos, reflejan la Buenos Aires de entonces.

Roberto Bolaño (II)

Cocina Literaria

Mi cocina literaria es, a menudo, una pieza vacía en donde ni siquiera hay ventanas. A mí me gustaría, por supuesto, que hubiera algo, una lámpara, algunos libros, un ligero aroma de valentía, pero la verdad es que no hay nada.

A veces, sin embargo, cuando soy víctima de irrefrenables ataques de optimismo (que finalizan, por otra parte, en alergias espantosas) mi cocina literaria se transforma en un castillo medieval (con cocina) o en un departamento en Nueva York (con cocina y vistas de privilegio) o en una ruca en los faldeos cordilleranos (sin cocina, pero con una fogata). Metido en estos trances generalmente hago lo que hace toda la gente: pierdo el equilibrio y pienso que soy inmortal. No quiero decir inmortal literariamente hablando, pues esto sólo lo puede pensar un imbécil y a tanto no llego, sino literalmente inmortal, como los perros y los niños y los buenos ciudadanos que aún no se han enfermado. Por suerte, o por desgracia, todo 30 ataque de optimismo tiene un principio y un final. Si no tuviera final, el ataque de optimismo se convertiría en vocación política. O en mensaje religioso. Y de ahí a sepultar libros (prefiero no decir “quemarlos” porque sería exagerar) hay un solo paso. Lo cierto es que, al menos en mi caso, los ataques de optimismo se acaban, y con ellos se acaba la cocina literaria, se desvanece en el aire la cocina literaria, y sólo quedo yo, convaleciente, y un ligerísimo aroma de ollas sucias, platos mal rebañados, salsas podridas.

La cocina literaria, me digo a veces, es una cuestión de gusto, es decir es un campo en donde la memoria y la ética (o la moral, si se me permite usar esta palabra) juegan un juego cuyas reglas desconozco. El talento y la excelencia contemplan, absortas, el juego, pero no participan. La audacia y el valor sí participan, pero sólo en momentos puntuales, lo que equivale a decir que no participan en exceso. El sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose. Digamos, como un detalle inexcusable de cortesía.

Mucho más importante que la cocina literaria es la biblioteca literaria (valga la redundancia). Una biblioteca es mucho más cómoda que una cocina. Una biblioteca se asemeja a una iglesia mientras que una cocina cada día se asemeja más a una morgue. Leer, lo dijo Gil de Biedma, es más natural que escribir. Yo añadiría, pese a la redundancia, que también es mucho más sano, digan lo que digan los oftalmólogos. De hecho, la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final.

Si tuviera que escoger una cocina literaria para instalarme allí durante una semana, escogería la de una escritora, con la salvedad de que esa escritora no fuera chilena. Viviría muy a gusto en la cocina de Silvina Ocampo, en la de Alejandra Pizarnik, en la de la novelista y poeta mexicana Carmen Boullosa, en la de Simone de Beauvoir. Entre otras razones, porque son cocinas que están más limpias.

Algunas noches sueño con mi cocina literaria. Es enorme, como tres estadios de fútbol, con techos abovedados y mesas interminables en donde se amontonan todos los seres vivos de la tierra, los extinguidos y los que dentro de no mucho se extinguirán, iluminada de forma heterodoxa, en algunas zonas con reflectores antiaéreos y en otras con teas, y por supuesto no faltan zonas oscuras en donde solamente se vislumbran sombras anhelantes o amenazantes, y grandes pantallas en las cuales se observan, con el rabillo del ojo, películas mudas o exposiciones de fotos, y en el sueño, o en la pesadilla, yo me paseo por mi cocina literaria y a veces enciendo un fogón y me preparo un huevo frito, incluso a veces una tostada. Y después me despierto con una enorme sensación de cansancio.

No sé lo que se debe hacer en una cocina literaria, pero sí sé lo que no se debe hacer. No se debe plagiar. El plagiario merece que lo cuelguen en la plaza pública. Esto lo dijo Swift, y Swift, como todos sabemos, tenía más razón que un santo.

Así que este punto queda claro: no se debe plagiar, a menos que desees que te cuelguen de la plaza pública. Aunque a los plagiarios, hoy en día, no los cuelgan. Por el contrario, reciben becas, premios, cargos públicos, y, en el mejor de los casos, se convierten en bestsellers y líderes de opinión. Qué término más extraño y feo: líder de opinión. Supongo que significará lo mismo que pastor de rebaño, o guía espiritual de los esclavos, o poeta nacional, o padre de la patria, o madre de la patria, o tío político de la patria.

En mi cocina literaria ideal vive un guerrero, al que algunas voces (voces sin cuerpo ni sombra) llaman escritor. Este guerrero está siempre luchando. Sabe que al final, haga lo que haga, será derrotado. Sin embargo recorre la cocina literaria, que es de cemento, y se enfrenta a su oponente sin dar ni pedir cuartel.

 

Roberto Bolaño (I)

 

Roberto Bolaño, nació en Santiago de Chile el 28 de Abril de 1953. Fue un escritor chileno cuya obra se considera de vital importancia dentro de la literatura hispana contemporánea.

Bolaño pasó la mayor parte de su juventud en México, país que luego reflejaría en varias de sus obras.

En 1973 volvió a Chile en los meses previos al golpe militar de Pinochet, realizó un largo viaje con el propósito de apoyar al gobierno de Salvador Allende, pero fue apresado y permaneció ocho días en la cárcel.

En enero de 1974 volvió a México, donde conoció a los poetas Mario Santiago y Bruno Montané, junto a quienes fundó un movimiento de vanguardia literaria al que bautizaron como Infrarrealismo. El movimiento contó con dos revistas: ‘Rimbaud, vuelve a casa’ y ‘Correspondencia Infra’.

A finales de los años 70 viaja a Europa hasta establecerse definitivamente en España, tras realizar todo tipo de trabajos mientras participaba en concursos literarios. Es en 1984 cuando gana su primer premio, el Félix Urabayen por La senda de los Elefantes.

A partir del diagnóstico de una grave enfermedad en 1993, Bolaño se lanza a escribir lo máximo posible, y con Los detectives salvajes (1998) -una de sus obras más celebradas- recibió el Premio Herralde y también el Rómulo Gallegos, un espaldarazo definitivo a su carrera.

Su obra final 2666, fue escrita cuando Bolaño perdía fuerzas. La obra, sin terminar, fue publicada en 2004 de forma póstuma, ya que el escritor chileno falleció el 14 de Julio de 2003.

BIBLIOGRAFÍA

Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, en colaboración con Antoni García Porta, 1984
La pista de hielo, Planeta, 1993
La literatura nazi en América, Seix Barral, 1996
Estrella Distante, Anagrama, 1996
Llamadas telefónicas, Anagrama, 1997
Los detectives salvajes, Anagrama, 1998
Amuleto, Anagrama, 1999
Tres, El Acantilado, 2000
Los Perros Románticos, Lumen, 2000
Monsieur Pain, Anagrama, 2000
Nocturno de Chile, Anagrama, 2000
Putas asesinas, Anagrama, 2001
Amberes, Anagrama, 2002
Una novelita lumpen, Anagrama 2002
El gaucho insufrible, Anagrama 2003
Entre paréntesis, Anagrama 2004
2066, Anagrama 2004
El secreto del mal, Anagrama 2007
La universidad desconocida, Anagrama 2007

Carlos Bosch

Notas:

Página / 12 – SUPLEMENTO RADAR: LA CÁMARA ARGENTINA

Página / 12 – SUPLEMENTO RADAR: ESA ESPECIE DE BESTIA

 

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A dónde van los corazones rotos

Recomendamos esta hermosa obra de Cynthia Edul:

 

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Sinopsis

La situación se desarrolla en la playa que rodea al Faro. Son las primeras horas de la tarde. El cielo se nubló, hay viento. Poca gente alrededor. Sólo un grupo que a lo lejos juega un partido de fútbol. Una madre y sus tres hijos ya adultos, regresan luego de muchos años al mismo lugar en el que solían pasar sus vacaciones allá, en otro tiempo, en el que vivían con el padre, y en el que todavía existía lo que ellos podían percibir como una familia. En el presente, esos lazos fueron transformándose, y ese cambio es lo que empiezan a percibir ahora. Ya no son los mismos que antes. Ya adultos, sin compartir una cotidianeidad que los vincule y les permita reconocerse en los otros, se encuentran en ese tiempo vacío de la playa ¿Se conocen? Entre el presente inquietante y la remembranza de un pasado que ellos reconocen como “feliz” aunque los recuerdos específicos no evidencien lo mismo, pasarán unas horas, esperando la llegada de un familiar que prometió encontrarlos y no viene. Una certeza tienen: ese lugar en el que fueron felices no está más, y no se puede volver a ese tiempo.

 

Dramaturgia: Cynthia Edul
Actúan: Celina Font, Julián Krakov, Monica Raiola, Violeta Urtizberea
Vestuario: Julia Rebottaro
Escenografía: Federico Mayol
Iluminación: Matías Sendón
Música: Federico Zypce
Fotografía: Marcela Cabezas Hilb
Asistencia de vestuario: Marina Pelatelli, Camila Videla Peña
Asistencia de dirección: Carolina Steeb
Dirección musical: Federico Zypce
Dirección: Cynthia Edul

 

EL EXTRANJERO
Valentín Gómez 3378
Buenos Aires – Capital Federal

Duración: 60 minutos.

Jueves 20:00 hs.

General: $ 50
Estudiantes y Jubilados: $ 35 – [presentando acreditación]

 

Óperas Primas Sexta edición

Soluciones para el transporte

El Municipio de Tigre y sus pares de San Isidro, Vicente López y San Fernando, con quienes integra la Región Metropolitana Norte, lanzaron el Concurso de Ideas – Proyecto “Soluciones para el transporte en el corredor norte del Área Metropolitana Buenos Aires”, cuyo objetivo es aportar soluciones que resuelvan la baja calidad de la movilidad en la zona norte del Área Metropolitana Buenos Aires.

La organización está a cargo de la Fundación Metropolitana y auspiciado por la Universidad Nacional de General San Martín, el Colegio de Arquitectos de la Provincia, la Sociedad Central de Arquitectos y el Centro Argentino de Ingenieros.

Además, cuenta con la adhesión de la Oficina Metropolitana del Ministerio de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El concurso está abierto a la participación de profesionales de distintas disciplinas relacionadas con el desarrollo urbano y el transporte, de manera individual o en equipos interdisciplinarios. Quienes participen pueden hacerlo de manera autónoma o en representación de universidades, institutos, colegios, fundaciones, etc.

Las bases completas y los formularios de inscripción están disponibles en http://www.metropolitana.org.ar/RMNconcurso.

La participación es gratuita, y el trámite de inscripción se efectúa enviando los documentos especificados en las bases a través de correo electrónico a info@metropolitana.org.ar

El 12 de Septiembre cierran las inscripciones y el el 10 de octubre es la fecha estipulada para la presentación de los trabajos. El fallo del jurado se dará a conocer el 31 de octubre y los premios a entregar en Noviembre son de  $ 60.000, $ 40.000, $ 20.000 y $ 10.000.

Expedición Endurance

Frank Hurley fue el fotógrafo que documentó la Expedición Imperial Transatlántica, también conocida como “Expedición Endurance”, en 1914. El Endurance fue el barco diseñada por sir Ernest Shackleton, que aspiraba a ser el primero en atravesar el continente antártico. El problema fue que el Endurance quedó atrapado en el hielo del mar de Weddell antes de llegar a la bahía Vahsel, por lo que el hielo aplastó y hundió el barco, dejando sobre el hielo a los 27 hombres de la tripulación, que esperaron meses hasta ser rescatados. Solo 24 lograron sobrevivir. Aquí una galería con las fotografías tomadas por Hurley, algunas de ellas descritas por Fabián en uno de nuestros programas: